Los sensores de movimiento combinados con tecnología de microvibraciones o radar de onda milimétrica distinguen entre personas y mascotas, reduciendo falsos positivos. Al ocultarlos en marcos o luminarias, desaparecen visualmente, pero su precisión transforma la comodidad. Se activan luces suaves, se pausa la música en estancias vacías y la climatización se ajusta con sutileza. Todo sin teatralidad, como si la casa recordara hábitos, cuidara el ritmo diario y respondiera con educación a cada paso imperceptible.
Más que efectos llamativos, interesan transiciones cuidadas: amanecer con tonalidad cálida que sube gradualmente, recibimiento con luz puntual y aroma, cine con cortinas cerrándose en silencio y luminancia justo bajo la línea de reflejo. Al condicionar escenas a clima, ubicación y agenda, se evita la repetición mecánica. Un panel discreto o gesto abreviado bastan para orquestar varios elementos a la vez, preservando el ambiente minimalista y dejando a la arquitectura el protagonismo visual del momento.